La glorificación del
monocultivo y el 8N
Hacía tiempo que no
escuchaba glorificar tan explícitamente los ‘90, como lo hizo Héctor Huergo en
el Clarín Rural del sábado 10 de noviembre. La verdad sorprendente, es la
primera vez que leo una sincera -tan brutal como falaz- reivindicación del neoliberalismo agrario. Muchos lo piensan, pero
corresponde a Huergo el raro privilegio de decirlo sin anestesia. Máximo teólogo de esta
increíble religión de glorificar el monocultivo sojero con concentración de tierras
y rentas, elevándolo a la categoría de epopeya nacional, a la que califica de “era
de la segunda revolución de las pampas” (casi nada a la hora de adjetivar ¿no?),
para Huergo la sojización es una gesta similar a la del cruce de los Andes. Sábado
tras sábado, nos castiga con los ejemplos de los SAN MARTÍN de la siembra
directa (perdón, Libertador), productores de 5000 hectáreas para arriba -como
si los pequeños y medianos chacareros, no existiéramos y fuéramos unos atrasados que seguimos
sembrando con bueyes y no los verdaderos innovadores de todo esto- que se
sacrifican desplazando productores y haciéndose millonarios por el bien del
país. Un relato tan fantasioso como pernicioso, que nunca muestra los efectos
devastadores de este tipo de mega agricultura en el interior profundo del país,
y que vino a destruir a la chacra mixta y al chacarero en beneficio de un puñado de “concentrados” que no son más
eficientes, ni producen más que nuestra tradicional burguesía agraria
chacarera. Estos próceres de la mitología huergiana,
que con máquinas terciarizadas (ya que no son propias) camiones, siembran, cosechan y… se van. No compran en el
pueblo ni una botella de agua mineral.
¿Cuándo figuraran los costos sociales de este credo agrario sin sentido
nacional? ¿Cuándo en el balance literario de los Huergos, que pululan por los medios (no es el único), aparecerá lo
que le cuesta al país este proceso de monocultivo inducido con concentración,
vía migraciones rurales, cinturones de pobreza, inseguridad, salud, etc.? La pobreza rural nunca aparece, nunca dicen
los miles de puestos de trabajo que destruyeron, las miles y miles de chacras
desaparecidas, los millones de compatriotas que se vieron obligados a migrar. Pareciera
que “ellos” no tuvieran nada que ver, que es un proceso neutro, natural,
espontáneo y aséptico, con el cual no tienen la más mínima responsabilidad o culpa;
y que además, cuando “los obligan a poner” un poquito de lo mucho que ganan
gritan y protestan como si le estuvieran
extirpando un órgano por la fuerza y sin anestesia. Es de un cinismo realmente
escalofriante, y nos quieren hacer creer que hacerse multimillonarios (ellos)
es para bien de todos, “para bien del país” y este “desagradecido” no los
provee de seguridad, ni de votos, ni los escucha, “qué cosa, che…este país de
mierda”. De más está decir que este relato de hacerse rico a costa de la
destrucción del tradicional entramado agrario argentino que llevó 100 años
construir y apenas 10 años destruir,
está sostenido con abundantes fondos publicitarios de “empresas a las que les
interesa el país” para saquearlo, si pueden ¡Y los dejan! Cualquier límite o
control es de un estatismo e injerencia en la actividad privada intolerable,
son capaces de cualquier cosa con tal de vender un litro más de pesticida……la
verdad, cansa ver tanto egoísmo y avaricia.
·
Dice Huergo: “el cambio tecnológico en los ‘90
facilitado por la eliminación de los derechos de exportación y la existencia de
un solo dólar tanto para comprar como para vender permitió al campo desatase
amarras”. ¡Dios mío! ¿Qué amarras soltamos en esa época nefasta? Desaparecieron
103.000 explotaciones agropecuarias, había hipotecas sólo en el Banco Nación
por 12.000.000 de hectáreas, se
destruyeron 700.000 puestos de trabajos en el sector rural (y la estadísticas
no las hacía Moreno), entraban choclos de Francia, nueces de Italia, cerdos de
todos lados etc. No se podía producir ni un tornillo en el país. Decir esas
barbaridades ofende al sentido común y subleva a los que lo padecimos y vimos
como muchísimos compañeros se suicidaban al perder sus campos (como ahora en
España). Además, es una absoluta mentira que la eliminación de las retenciones
facilitó el cambio tecnológico. ¿Dónde? ¿Cómo? No fueron las retenciones, sino
la posibilidad de sembrar transgénicos que firmó Felipe Solá, y nada tiene de
contacto una cosa con la otra. ¿O ahora que hay retenciones ese modelo de
desarrollo agrario se frenó? Al contrario, se profundizó. Con o sin
retenciones, es lo mismo, hubiera entrado de cualquier manera, pues las
retenciones sólo son un instrumento, es una falacia absoluta del discurso de
Huergo. La existencia de un sólo tipo de cambio no garantizó al sector
rentabilidad, pues el atraso cambiario era tan notorio y desastroso -reconocido
por todo el mundo- que permitía que entrara de todo, y todo era carísimo para
los productores: rentabilidad cero, servicios e insumos caros, etc. Sólo la
escala, a los que la alcanzaban, podían
OBTENER ALGUNA GANACIA. Allí nacieron los pooles.
·
El párrafo siguiente dice: “a mediados de los ‘90
la cosecha se había estabilizado en 45millones de tn. En el 2003 cuando el
modelo de matriz diversificada con inclusión social ni se insinuaba, el doble
en apenas 5 años”. Pero ¿en qué quedamos? En el párrafo de arriba dice una cosa
y en el de abajo otra. Veamos: en el 2003 asumió Néstor K, pero las retenciones
las puso Eduardo Duhalde un año antes y la producción de soja tuvo un aumento
constante, y eso lo refleja el aumento del área sembrada. Quiere decir que si
alguien deja de sembrar maíz o trigo, o de hacer ganadería, para sembrar soja,
o invierte en el desmonte a pesar de haber retenciones es porque es negocio. Quiere
decir que las retenciones no son un impedimento, pues lo que fija la decisión
final es la rentabilidad, no el instrumento (en este caso las retenciones), que
es más una consideración de tipo ideológico o de
operación política para maximizar utilidades de los mega productores, que un
obstáculo a la productividad. Huergo, a otro con ese cuento. Las retenciones deben ser segmentadas, eso
debe quedar claro. Mientras no haya
una verdadera reforma tributaria, seria, que grave a los que más ganan y sean
un freno o pongan un límite (o ayuden a poner un límite) a la concentración,
las retenciones que son un mal tributo, deben seguir existiendo (pero eso es
otro debate). Porque su eliminación lisa y llana hoy, para todos iguales,
sólo sirve para poner liquidez en el bolsillo de los 2700 productores que manejan
el 60% de la soja, para que sigan arrendando campos (desplazando productores
genuinos) y concentrando aún más, la producción.
·
Sigue Huergo “Una enorme masa de recursos
difundió por todo el interior. Las Parejas con su industria innovadora supo
capturarlo”… Las Parejas, como Armstrong o Las Rosas, son un polo
agroindustrial de mucho antes que la soja fuera lo que es, crecieron y
decrecieron al compás de los cambios del país, no es que aparecieron y se
fundaron en los ‘90 con la sojización. Al contrario, en los ‘90 estaban re fundidas,
no le podían vender un clavo a nadie.
·
Prosigue “el intendente era el socialista
Antonio Bonfatti, hoy gobernador de la provincia, ¿fue ungido por “el modelo” o
por la fuerza natural de un proceso tan espontáneo como el cacerolazo? Es la
soja estúpido….” Acá todo mal, falta
total de información y conocimiento. Bonfatti fue presidente comunal de las
Parejas del 83 al 85 (en Santa Fe los presidentes de comuna duran 2 años), Las
Parejas fue nombrada ciudad recién en 1986. Por ese tiempo, la soja era un
cultivo en ascenso y la siembra directa una idea aún, sin desarrollo. Y Huergo
seguramente, pensaba distinto a lo que piensa hoy. El gobernador Bonfatti,
siguió con suerte electoral despareja en LAS PAREJAS, mudó su domicilio
electoral a Rosario, donde Hermes Binner era intendente y ocupó diversos cargos
allí. Así que Huergo no era la soja, era
la política.
·
Y Mansilla saca los votos que saca en Las
Parejas, no por la soja que poco o nada podría haber entregado
a la ciudad y su industria, sino por la
política de sustitución de importaciones
y defensa del mercado interno que todo el neoliberalismo critica,
incluido ustedes. ¿Qué máquina se hubiera podido fabricar si no hubiera un Estado
activo que protegiera a esas pymes metalmecánicas de la competencia externas de
las John Deere, las Class, etc.? ¿Qué desarrollo hubieran tenido estas
industrias y estas ciudades con soja como ahora, pero con las políticas de los ’90?
Que esta política de sustitución de importaciones se debe y se puede hacer mejor,
es cierto. Pero en esto a Moreno lo critican por lo que hace bien, no por
lo que hace mal. Por favor, no analicemos las cosas como venados tuertos… seamos
humanos, patriotas y defendamos el país: es decir, sus mercados internos, sus
industrias y sus productores. Durante
los ‘90 se importaba sustituyendo trabajo argentino; la clave es defender el
mercado interno, exportar lo que sobra y crear trabajo decente en la argentina;
suena parecido pero es diametralmente distinto.
·
Sigue Huergo, “Si hay media argentina que se
está muriendo, no es precisamente la del interior: será el eje
Matanza-Riachuelo, coto de caza de la política...” Lo que no dice aquí es que
para que existan estos asentamientos en el conurbano, antes hubo migraciones
rurales corridas por la pobreza, producto de la concentración de tierras y
rentas que “él” propicia, y luego se queja de lo que ayuda a crear. Migraciones
que hicieron que la argentina se urbanice más allá de toda lógica y criterio,
de manera absolutamente anárquica. El país no necesita de la dádiva que ofrece
Huergo con el “algo habrá que hacer con ellos…” el país necesita poner límites
y freno al modelo que propicia este señor y cobrarle impuestos como corresponde,
a los sectores beneficiarios y responsables de este desastre humano, ambiental
y demográfico, e impedir que se siga profundizando y ejecutando este modelo de
agricultura concentrada, sin productores, que desplaza a miles de compatriotas
hacia las grandes ciudades. Basta de hacerse los distraídos o los dadivosos,
háganse responsable de lo que generaron y paguen lo que corresponde.
La discusión no es si estamos de acuerdo con el desarrollo
científico-técnico del país, esa discusión esta saldada, por lo menos de mi
parte, ¿quién puede estar en contra? La discusión es quién determina y maneja
el desarrollo científico del país: o lo define el Estado a través de la
discusión política o lo dejamos al libre albedrío de las multinacionales, como
plantea Huergo. Una opción de hierro que no admite dudas o medias tintas, o se
está con el país soberano o contra él. Y esta ECUACIÓN ES TRANSVERSAL A TODOS
LOS PARTIDOS, a los K, UCR, PS, PSUR, todos; divide por encima de lo partidario, es
el ser o no ser de la patria,
del pueblo, de las mayorías nacionales. Ahí se juega el destino de las futuras
generaciones: sin desarrollo científico técnico nacional autónomo, no hay
futuro próspero posible para nuestro pueblo. Este debate es una parte en el
todo de la discusión agraria, en donde la mala resolución de esta ecuación
ayuda en términos absolutos, a profundizar la concentración económica, que
sigue siendo la principal contradicción a resolver. Necesitamos discutir
seriamente qué tipo de agricultura y ganadería quiere y necesita el país, es el
tema de fondo. Todo lo demás que plantea Huergo son cuestiones instrumentales. Primero,
hay que ponerse de acuerdo si queremos una agricultura con agricultores, de
rostro humano, y luego entonces, viene el
debate sobre cuáles son los mejores instrumentos para llevarla a cabo. Pero acá -y no es inocente- siempre se
pone el carro delante de los caballos y se discute sobre los medios
(retenciones, impuestos, tipo de cambio etc.), y los fines, lo estructural:
nunca. Debemos necesariamente combinar varios factores en el modelo agrícola y no sólo
volumen y rentabilidad. No podemos ver la agricultura sólo por el ojo de los
anunciantes. El mundo discute cómo debe ser lo que viene y allí necesariamente,
aparecen otros tópicos como producción, población, medio ambiente, equidad y distribución,
que necesariamente deben combinarse para bien del conjunto de la sociedad y no
de un reducido número de empresas concentradas y transnacionales.
Buzzi y Huergo
juntos en el 8N
Es tan atractivo lo que escribe Huergo que uno no para de
sacar conclusiones. Hay dos referencias explícitas en su artículo al cacerolazo
(ambas positivas, obvio), y allí hay cosas para analizar desde el sector. A la
protesta del 8N convocó tanto Buzzi, como Huergo, es decir Clarín. El
Presidente de la FAA en un acto político no exento de candidez, sobreactuación,
producto de sus desmesuras habituales (sus socios en el paro del 20N, aclararon
que no convocaban, ni iban; me refiero por si no queda claro, tanto a Moyano
como a Micheli), puso el cuerpo, la cara y el alma en el pre y post cacerolazo,
al igual que Huergo y Clarin. A pesar que sus discursos agrarios son
diametralmente distintos. Es lógico preguntarnos, cuál será el programa agrario
o la demanda, o la consigna dominante en lo agrario que surgirá de allí, porque
algo saldrá, tantos miles de personas no son neutras. ¿Será la que balbucea
Buzzi, sin mucha convicción y expresa el programa del 20N (más Estado y no a la
sojización) o la de Huergo-Clarin (poco Estado y más soja)? ¿Pueden en política
económica, estar juntos intereses tan extremos? ¡Ni el peronismo, que los
abarca a todos, “de derecha a izquierda”, lo consiguió! Uno de los dos está de
más, o mejor dicho, si ambos creen en lo que predican (habría motivos sobrados
para dudarlo por lo menos de un lado, pero concedámosle el derechos a la
credibilidad) alguno se equivocó al ir. ¿Alguien actuó de idiota útil o prestó
servicios al bando que dice combatir, para usar una metáfora bélica? No debería
haber enemigos entre los argentinos, pero si hay intereses económicos
contrapuestos, muy fuertes y marcados -y en este rubro no se puede estar en dos lado a la vez o en misa o tocando la
campana (esto Buzzi lo debería conocer mejor que nadie, por su pasado de
monaguillo)- o se defiende el mercado interno o el libre mercado; los que
quieren el crédito orientado y dirigido en beneficio del país y sus pymes o los
que quieren libre juego financiero; los que defienden la chacra mixta o la
agricultura sin rostro. Acá y ahora, no hay dos lugares. En estos temas
económicos, no hay dónde esconderse. Que discutamos dentro del campo nacional y
popular que las cosas deberían hacerse mejor, es absolutamente legítimo. Pero
entre nosotros, no con nuestros
adversarios económicos, con los que nos quieren hacer desaparecer, como
aliados, es dormir con el enemigo. Trágico error, con consecuencias
devastadoras para el campo popular. Para
servir en la causa contraria, no puede ser excusa o argumento, la mala praxis,
la corrupción, o las deficiencias de
gestión en la ejecución. En todo caso nuestra lucha debe estar orientada a
corregir esos puntos “débiles”, no para debilitarlos y que los dejen de aplicar,
sino para fortalecerlos y hacerlos una política pública permanente; ofrecer si
es necesario, una opción política electoral superadora. Pero cuidado, y en esto
las excusas son absolutamente fútiles, no se puede convocar y fortalecer políticamente
un movimiento, por más legítimo que sea o se lo crea, que ataca conceptos
básicos económicos que son claves para la supervivencia de nuestros representados,
y que son la columna vertebral de cualquier proceso de transformación en favor
de las mayorías populares. Es básico y elemental: no se debe fortalecer al que
quiere hacerte desaparecer, de manual, a no ser que Buzzi crea que del 8N, va a
salir un programa progresista, que contemple la reforma agraria, la
intervención del Estado en la economía, el crédito direccionado a las pymes, la
distribución de la riqueza a favor de las mayorías populares, la defensa de la
chacra mixta, la ley de arrendamiento, etc.… Eso es tan improbable que no
resiste el menor de los análisis, ni la más mínima consideración…
Salud y cosechas
Pedro Peretti
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