martes, 20 de agosto de 2013

CHACRA MIXTA
DE LA COLONIA ESPERANZA A CRESUD

17 de septiembre de 2010.- El fin de la Agricultura con Rostro Humano.
El 8 de setiembre de 1853 se funda la Colonia de la Esperanza (hoy Esperanza). Este hecho marca el inicio del proceso de colonización, y podemos decir “arbitrariamente”, es también el hecho fundacional de la agricultura familiar en la Argentina y el nacimiento de la chacra mixta. Allí, junto con la llegada de los colonos, el Gobierno de Santa Fe le entregó a cada uno 33 hectáreas de tierras, caballo, semillas, harina, etc. Aarón Castellanos proveyó los instrumentos de labranza y arneses.
A 157 años de aquella gigantesca epopeya, podemos decir que la utopía de la “subdivisión de la propiedad”, esculpida en la columna del Monumento a la Agricultura Nacional que se levanta en el centro de la Plaza San Martín de la ciudad de Esperanza, continúa hoy tan irresuelta como cuando empezó, pero con el aditamento negativo; que, la Argentina puede prescindir productivamente, (entiéndase bien, productivamente) del actor central de aquella gesta: el CHACARERO. Hoy la Argentina puede sembrarse sin productores agropecuarios, ese es un dato incontrastable de la realidad de principios del siglo XXI. Seguimos siendo imprescindibles desde lo económico, cultural, social, geopolítico, etc.; pero se pueden hacer las 150.000.000 tn que anhela el gobierno; sin nosotros. Que sigamos labrando la tierra, que sean los pequeños y medianos productores quienes siembren las cosechas, es una decisión política de la sociedad argentina en primera instancia, y del gobierno de turno que la ejecute. Como un simbolismo paradigmático, el 8 de setiembre, mientras los agricultores festejábamos nuestro día (instaurado oficialmente en 1944), el diario el Cronista Comercial informa que “el grupo Elsztain, Cresud, comunicó a la Bolsa que vendió en u$s 18 millones el establecimiento denominado “La Juanita”. Se trata de 4.302 hectáreas en el partido de Trenque Lauquen, Buenos Aires. Con la transacción, Cresud se desprende de uno de sus dos tambos en el país, que cuenta con un rodeo de 4.000 cabezas de hacienda”, y sigue textual: “un proceso de compras, asociaciones e inversiones llevaron a Cresud a operar hoy 175.000 hectáreas en Brasil, 20.000 hectáreas en Paraguay y 12.000 hectáreas en Bolivia, mientras en la Argentina trabaja, entre campos propios y alquilados, UNAS 650.000 HECTÁREAS”.
Si pensamos que la Argentina se van a implantar 31.330.000 hectáreas de sus principales cultivos, según el informe de ACREA presentado a la Mesa de Enlace el día martes 14 y vemos que Cresud sola puede llegar fácilmente al millón de hectáreas, cuando decimos que 4 o 5 mil grandes empresas pueden sembrar toda la Argentina… ¡no estamos exagerando!
Ese es el primer debate, imprescindible, que tiene la Argentina en materia agraria: qué tipo de agricultura quiere y necesita, si con rostro humano o con los Cresud, los Grobo, El Tejar. Esa es la discusión de fondo. Una vez resuelta políticamente esta cuestión, viene el tema por los instrumentos (retenciones, tasas, reforma impositiva, etc.).
Lo que está claro, es que el debate está por los instrumentos, que es como poner el carro delante de los caballos. Y no existe en buena parte de la oposición política y en el gobierno, una definición tajante de quien es el sujeto agrario central de la vida de la Nación.
La Agricultura de Rostro Humano está severamente amenazada por los pooles y mega productores y empresas. La aceleración de la integración vertical de muchas empresas (AGD, Cargill, etc.) demuestra que no hay tiempo que perder si queremos conservar los últimos chacareros que quedan en la pampa húmeda. No es un dato menor, tiene que ver con la seguridad, soberanía alimentaria, la ocupación territorial y económica de la Nación y por supuesto, con el futuro económico y productivo de muchísimas familias agropecuarias del interior profundo de nuestro país.

Este debate no admite más dilaciones, especulaciones políticas, neutralidad, ni medias tintas, pues lo que está en juego, desde el punto de vista humano, productivo y económico es altísimo y tiene que ver con la viabilidad económica de todo el interior profundo. La sociedad tiene la última palabra, la política debe dar respuesta. No puede haber un país justo, libre y soberano sin una agricultura de Rostro Humano.

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